ADICCIÓN A LAS REDES SOCIALES
Sobre este punto señaló la existencia de estudios —aún
sin resultados conclusivos— que sugieren que usar plataformas como Facebook o
Twitter provoca que el cerebro de ciertos individuos libere dopamina, al igual
que lo haría si éstos hubieran ingerido una copa de alcohol o tuvieran ante sí
una mano de póker ganadora.
Esto bastaría para encender focos rojos, pero antes de
emitir juicios apresurados es preciso considerar que las redes sociales, bien
empleadas, resultan positivas, pues no sólo son una herramienta académica
invaluable, sino que han hecho que las nuevas generaciones adquieran una
capacidad que antes se creía exclusiva de las mujeres: realizar múltiples
tareas a un mismo tiempo, dijo.
“Tan sólo basta ver a un joven y cómo puede estudiar,
escuchar música, redactar un mail, responder mensajes de celular y atender una
conversación, todo a la vez, lo que es muy útil en la actualidad”.
El problema surge cuando la persona tiende a aislarse,
deprimirse, perder autoestima, estresarse y exhibir torpeza al relacionarse con
los demás. Lo paradójico es que muchas veces los sujetos con estas limitaciones
se refugian en un mundo virtual a fin de fingir normalidad, pues espacios como
Facebook permiten alardear de cualidades que quizá no tenemos y aparentar una
vida maravillosa, acotó Cárdenas.
Aunque se ignora cuántos afectados por esta adicción hay
en el país, la cifra podría ser alta, pues según la Encuesta Nacional sobre
Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (del
INEGI), en 2015 había 62.4 millones de usuarios de internet en México y el 71.5
por ciento de ellos lo usaba para acceder a redes sociales.

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